P. Antonio Jesús Fernández Díaz (Director del Colegio)
P. Alfonso Castillo Pastor
Fundado en 1689 y abandonado, como todos los demás, cuando la supresión de los conventos en 1835, quedó como Rector de la iglesia el P. José de Santa Catalina, ayudado por dos Hermanos. En compañía de estos religiosos se educó el que con el tiempo iba a ser el mejor custodio de todo cuanto quedó de los Padres antiguos: D. Francisco de Paula Almeyda y Albarrán. Este ejemplar sacerdote, no solo conservó viva la devoción a la Virgen del Carmen, sino que acrecentó su culto. En una celda del abandonado convento moría el P. Almeyda el 17 de marzo de 1900. El Obispo de Cádiz ofreció entonces a la Orden la iglesia. El entonces Provincial de Castilla, P. Fernando de la Inmaculada, aceptó de buen grado y mandó al P. Gonzalo y al Hermano Gorgonio a tomar posesión, con la esperanza de que el nuevo Provincial continuara los trámites hasta conseguir la fundación canónica. No 10 creyó conveniente el elegido P. Sebastián, que, excusándose ante el Obispo por la falta de personal, le devolvió la iglesia. Este acto atrasó más de 10 que convenía, la vuelta de los Padres. Nombrado D. Augusto Calderón rector del templo hizo cuanto pudo, más adelante, por impedido. Si se mantuvo el culto a la Virgen fue debido al fervor de la Hermandad y al interés de uno de sus miembros más ilustres, D. Manuel Díaz Sutil, que consiguieron además fuera nombrada la Virgen del Carmen patrona de San Fernando en 1920.
El P. Fernando primero y el P. Bonifacio después, intentaron recuperar esta casa, pero infructuosamente. El convento, que había sido dedicado a cuartel de artillería, fue sacado a pública subasta. El edificio fue expoliado de todo su rico maderamen y hasta la bóveda del claustro procesional se vio fuertemente deteriorada. Esto alarmó a la Hermandad que procuró por todos los medios la vuelta de los religiosos.
El 9 de julio de 1920 D. Manuel Díaz Sutil hizo una visita a los Padres de Cádiz interesándoles por la fundación. Se encontraba en el convento por aquellos días, tomando baños medicinales, el P. Juan Evangelista, que acogió con gran cariño la idea y no paró hasta verla hecha realidad. El día 21 de octubre el Definitorio Provincial aceptaba la fundación y se iniciaban los trámites para recuperar el convento de forma gratuita. Al no ser posible, se procuró saliera a pública subasta, siendo adquirido por los Padres, que entraron en posesión del inmueble en septiembre de 1922. Ya antes habían conseguido la iglesia que, cedida por el Obispo el 7 de julio de 1921, fue entregada el día 13 de febrero de 1922, día en que quedó restablecida canónica mente la vida de comunidad formada por su primer Superior, Padre Jorge de Santa Teresa, los Padres Juan Evangelista y Diego y el Hº José María. Inmediatamente se emprendieron las obras de restauración necesarias, que avanzaron tan rápidamente, que en Octubre de 1923 pudo albergar uno de los cursos de teología. Los muros del convento antiguo son solidísimos y no hubo que cambiar en nada sus líneas generales. Después no ha habido que hacer más obras, que las necesarias para adaptarlo a los distintos usos que ha tenido. El único y grave problema de esta casa ha sido siempre los techos; hubo que hacerlos de nuevo todos, ya que habían desaparecido, sin excepción, las antiguas vigas de caoba y cedro; repuestas de pino, el clima las destruía tan rápidamente, que raro ha sido el prior, que no ha tenido que rehacer alguno. Hasta que comenzaron a ponerse de cemento. Sin embargo, la iglesia, que conserva su primitivo maderamen y que fue magníficamente cuidada por el P. Catalina y el Padre Almeyda, jamás ha tenido que ser reparada.
