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Coronación Canónica

Durante el periodo previo a la coronación, iremos colgando una serie de reportajes acerca del tema

RAZONES HISTÓRICAS PARA UNA CORONACIÓN
NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN DEL CONVENTO DE SAN JOSÉ (SAN CAYETANO) PP. CARMELITAS DESCALZOS
 
I. ORÍGENES E HISTORIA:
 
1. La Fundación del Convento de San José (San Cayetano) de PP. Carmelitas Descalzos de Córdoba.
 
El origen de la devoción a Nuestra Madre del Carmen se remonta a la llegada de los Carmelitas Descalzos el año 1586, precisamente de la mano del mismísimo San Juan de la Cruz, el cual traerá también a las carmelitas descalzas, en Santa Ana, tres años después, en 1589. Establecidos los religiosos primero en la ermita de San Roque, junto a la Catedral, pasarán luego, en 1613, junto a la Puerta del Colodro, hasta el día de hoy, como un nuevo Monte Carmelo cordobés. Desde los inicios, la devoción a la Santísima Virgen del Carmen fue creciendo en el vecindario hasta convertirse en advocación esencial de los cordobeses a lo largo de los siglos.
 
Sin duda alguna la expansión del Carmelo Descalzo en tierras cordobesas conoce momentos históricos irrepetibles en los siglos XVII y XVIII con los siguientes conventos: Córdoba, Guadalcázar, Lucena, Aguilar, Desierto de San Juan Bautista de Trassierra, Benamejí, Montoro, Bujalance y Espejo, sumándose en el siglo XX Las Ermitas. A ellos se unen las descalzas en Córdoba, Lucena, Aguilar, Bujalance y San Calixto.
 
Desde estos conventos se propaga la devoción al Carmen creándose numerosas hermandades y cofradías en gran parte de los pueblos de la Diócesis, siendo Patrona de numerosos de ellos como Rute, Palenciana, Llanos de Don Juan, Zambra, etc.
 
2. Origen de la Archicofradía del Carmen de San Cayetano.
 
No poseemos el origen exacto de la fundación al haber desaparecido durante la exclaustración algunos de los libros de hermanos, siendo los más antiguos de mediados del siglo XVIII. Pero sí se citan por medio de otras fuentes que nos remontan al siglo XVII, cuando se documenta la salida procesional del Carmen por el barrio de Santa Marina.
 
Cuando se renueva el siguiente libro de hermanos, en 1787, llega una carta del general de la Orden junto con todos los privilegios de la Orden para los que llevan el Santo Escapulario. A lo largo del siglo XVIII el número de hermanos es muy elevado, prueba de su pujanza es la participación en la decoración de las pinturas murales que cubren la iglesia de San Cayetano, que fueron costeadas en 1728 por los hermanos de la Archicofradía.
 
 
 
3. Esplendor en el siglo XIX: la nobleza cordobesa.
 
Durante el siglo XIX la Archicofradía sigue creciendo en número de hermanos, registrándose todos por orden de las calles de la ciudad, contándose sus devotos por toda la ciudad. Dentro de los libros de hermanos llama la atención la presencia de gran parte de los títulos nobiliarios de la ciudad:
 
· Excmos. Sres. Conde y Condesa de las Quemadas.
· Excmo.. Sr. Marqués del Billar.
· Excma. Sra. Marquesa de las Escalonias.
· Excma. Marquesa Viuda de Gelo.
· Excmos. Sres. Conde y Condesa de Casillas de Velasco.
· Excmos. Sres. Conde y Condesa de Cárdenas.
· Excmos. Sres. Marqués y Marquesa de Villaverde.
· Excmos. Sres. Duque y Duquesa de Hornachuelos.
· Excma. Sra. Marquesa Viuda de Benamejí.
 
Todo lo más granado de la alta aristocracia cordobesa se une a la amplia masa de los fieles del pueblo para fomentar la devoción a la Reina del escapulario. Se conserva una carta escrita a la Reina Isabel II pidiendo su ayuda para el culto de la Archicofradía.
 
4. Ramírez de Arellano: hermano de la Archicofradía.
 
Entre los miembros destacados de la Archicofradía destaca la figura del insigne historiador cordobés Ramírez de Arellano (1828-1909), autor de la obra esencial para el conocimiento de la ciudad, Paseos por Córdoba, publicada en 1873. Pertenece Don Teodomiro a la Junta de Gobierno en calidad de “seise”, durante la década de 1860-1870, tal como se refleja en el libro de Cabildos de la Archicofradía. Su pertenencia a la Archicofradía se palpa en el mismo inicio de la descripción de la iglesia de San Cayetano: “Ya es tiempo de penetrar en la iglesia del suprimido convento de San José, de Carmelitas descalzos, abierta al culto gracias a una numerosa cofradía de Nuestra señora del Carmen, que en ella se venera”.
 
5. El siglo XX: Desde la vinculación de la nobleza a la vitalidad del Colegio del Carmen.
 
El siglo XX conoce la presencia de familias destacadas de la nobleza cordobesa, como los Marqueses de la Vega de Armijo o los de Boil, pero será su camarera mayor, la Excma. Sra. Dª. Enriqueta López de Zapata y Torrealba, Condesa de Cañete de las Torres, que destacó por su generosidad, donando a la imagen su valioso ajuar de hábito capa en el año 1919, bordados por las jerónimas de Santa Marta. En la actualidad son sus camareras las marquesas de Aguilar y vega de Armijo y de la Cueva del Campo.
 
El número de los hermanos es muy elevado a lo largo de la primera mitad del siglo XX, donde sobrepasa el millar de hermanos, siendo una de las más numerosas de la ciudad. Su ritmo va creciendo y destaca el apostolado que realiza en numerosos centros educativos de la ciudad imponiendo el Santo Escapulario a sus alumnos, como los centros de religiosos y religiosas. En 1945 se contabilizan 11.598 personas que han recibido el escapulario delante de la imagen del Carmen.
 
Desde la apertura del Colegio que lleva su nombre “Colegio Virgen del Carmen”, su proyección es aún mayor, inculcándose la devoción a la Madre del Carmelo desde los más pequeños hasta los que salen preparados para sus estudios universitarios.
En la actualidad su presencia es destacada en el seno de la Agrupación de Hermandades y Cofradías, no sólo por el número de hermanos que llega a los quinientos, sino por las numerosas actividades que realiza durante todo el año.
 
6. Vinculación con el ejército de tierra y la marina.
 
Desde el siglo XIX es designada la Virgen del Carmen como Patrona del acuartelamiento de Cerro Muriano, la Reina, haciéndose presente cada año en la procesión con sus autoridades y un grupo de soldados que escoltan el paso de la Señora.
 
Ha recibido los máximos honores como Patrona de la Marina española, así se le impuso el fajín de Almirante y la Gran Cruz del Mérito Marítimo en solmenes ceremonias presididas por el Sr. Almirante de la Zona Marítima del Estrecho. Sus relaciones y hermanamiento con la hermandad del Carmen de San Fernando (Cádiz) hacen recordar la vocación marinera de este Carmen de tierra adentro.
 
7. El magisterio de Santa Teresa y San Juan de la Cruz: el Grupo Cántico.
 
Con motivo del IV Centenario del nacimiento del místico de Fontiveros, en 1942, nació el Grupo Cántico formado por lo más granado del mundo de las artes y las letras de la ciudad, capitaneados por Ginés Liébana, Miguel del Moral y Pablo García Baena. Todos fueron profesores de los teresianos y estudiantes carmelitas que se formaban en la comunidad. Colaboraban en todos los actos culturales del convento y se dejaron llenar del carisma carmelitano, conservando un magnífica relación con el convento hasta el día de hoy, como sucede con García Baena, al que vemos cada dieciséis de julio a los pies de su Virgen del Carmen.
 
Otros personajes ilustres como el torero Manolete recibieron el escapulario a los pies de la Reina del Carmelo de San Cayetano.
 
Muy destacada es la devoción a Santa Teresa en el seno de la familia carmelitana, a la que se dedica solmene triduo en su solemnidad del mes de octubre y acompaña en la procesión a la Madre del Carmelo en el mes de julio.

 

 

PROYECTO DE PASTORAL - CORONACIÓN DE LA IMAGEN DEL CARMEN DE SAN CAYETANO
 
PUNTO DE PARTIDA
 
A.- IDENTIDAD CARISMÁTICA – PASTORAL
 
                Nuestra identidad carismático – pastoral nace de las obras fundamentales de los SS. PP. Sta. Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Desde la lectura de sus obras constatamos algunos PRINCIPIOS que asumimos como trasfondo de las claves que son fundamentales en el entendimiento de la educación:
·         Dios es el Pedagogo. Creemos que Dios tiene la iniciativa e interviene en el proceso de construcción de toda la persona y comunidad.
 
·         La escuela es la vida. Estamos convencidos de que se “conoce” por experiencia y que todo lo que antecede puede ser lugar de aprendizaje.
 
·         La persona y los grupos son sujetos de su propia educación.
 
·         El “trato de amistad” es el camino. Sólo se educa desde la relación de amor.
                De estos principios fundamentales emanan las siguientes claves que sirven de fundamento a toda la realidad educativa:
 
                               1.- La persona es el centro de toda acción educativa.
 
                Teresa nos descubre que la persona es un palacio adonde habita este gran Rey, que es nuestro Dios (C 28,9). Es un paraíso adonde Él tiene sus deleites, hecha a su imagen. Apenas podemos entender su gran hermosura, dignidad y capacidad y la forma en que merece ser tratada (I M 1,1). Podemos considerarla no una cosa arrinconada y limitada, sino un mundo interior, adonde caben tantas y tan lindas moradas; y así es razón que sea pues dentro de esta alma hay morada para Dios (VII M 1,5). Ella conoce este tesoro escondido (V M 1,2) por la manera cómo ha sido tratada por Dios. Él ha puesto a ella en el centro de su acción hasta el punto de que se ha hecho el sujeto y ha querido que ella sea la señora (C 26,4). Un Dios que la va regalando y sufriendo y espera a que se haga a su condición y, tan de mientras, le sufre la suya (V 8,6).
                Igualmente, San Juan de la Cruz apostilla que “el centro del alma es Dios” (CB 1, 7-8; D 26).
                Esta convicción supone optar realmente por la persona con todas sus consecuencias. Considerarla en toda su complejidad “y no a bulto”, trascender las apariencias, tratarla como “morada de Dios”, “deleitarnos en ella como paraíso donde Él está”. Se necesita creer en ella, en su “capacidad y hermosura”, y ayudar a que descubra su verdad, para que viva conforme a la dignidad que tiene.
 
                               2.- Educar en y para la relación de amor.
 
                Si algo nos grita fuerte desde la experiencia de Teresa es la relación de amor con Jesús, en trato de amistad entre Él y ella (V 8). El tener experiencia de cuánto es amada hace crecer en ella el deseo de contentar al Amigo y le hace insufridero traicionarle concertando contrarios (IV M 1,12). Ella, que sabe lo que es “estar aficionada, atada” y “ha probado” y conoce la fuerza liberadora del amor en las relaciones, quiere que todo el mundo se procure llegar a Dios y gocen de esta relación. Ha experimentado que el amor transforma y nos hace a Su condición… por eso adentrarnos en su experiencia es reconocer la relación como mediación para acoger y ofrecer el amor que Dios nos tiene y que se manifiesta en la vida ordinaria: “Lo que más os despertare a amar, eso haced” (IV M 1,7). Cuanto más santas, más conversables, más afables… (C 41,7) de manera que otros puedan conocer lo que es el amor.
                En los poemas mayores de San Juan de la Cruz se abunda sobre el mismo tema (IS 13,3; CB 32,1; 2S 22,19). Igualmente en los Dictámenes del Espíritu 1,15.
                La relación de amistad con Jesús fue para Teresa la relación fundamental de la que aprende a ser y a servir. Esta experiencia le lleva y nos lleva a reconocer que sólo la relación de amor construye, levanta, restaura, incluye… Por eso queremos invitar, enseñar y recorrer junto a otros el camino de trato de amistad con Quien sabemos nos ama, convencidos de que esta relación nos fundamenta, despierta y dinamiza el proceso de transformación al que nos invita el evangelio.
                Hacer nuestra la experiencia teresiana de trato de amistad y asumirla como camino y método pedagógico, es asumir que educamos a través del trato personal, en relación, una relación abierta a todos los ámbitos (interpersonal, social, ecológico…) y en todos los lugares donde nos encontremos.
 
                               3.- El camino del crecimiento se hace en compañía.
 
                Vemos siempre a Teresa convencida de que “gran mal es un alma sola” (V 7,20), así que no deja de aconsejarnos que procuremos amistad y trato con otras personas que traten lo mismo, pues “es menester -nos hagamos espaldas unos a otros para ir adelante- y que crece la caridad con ser comunicada” (V 7,22). Está segura de que sólo “en compañía” podemos conocernos y crecer, desengañándonos unos a otros y buscar la manera de contentar más a Dios, de avanzar… que no hay quienes mejor nos conozcan como los que nos miran y nos quieren (V 16,7). En el camino de Dios nadie avanza solo. Quien va adelante, lleva a otros consigo (II M 6), anima a otros a volar… y entra en las moradas que están más adentro, que nunca va un alma sola al cielo (V 11,4). El camino teresiano es esencialmente comunitario. A Teresa no le basta hacer “lo poquito que es en mi” sino que procura que “estas que están conmigo hagan lo mismo” (C 1,2). “Mientras más amadores entienden que hay, más crece el amor” (Exc 2,2).
                San Juan de la Cruz hace referencia al camino de crecimiento fundamental en D 5-11; 2S 22, 7.9 o la carta 7, párrafo primero cuando habla sobre el compartir.
                Con esta afirmación queremos significar diversos aspectos:
a)                   el sentido grupal y comunitario de la educación: se crece en grupo.
b)                   la necesidad de ser acompañado, confrontado y animado en el proceso de crecimiento.
c)                   la importancia de “hacer concierto” y unirse a otros que busquen lo mismo.
 
                               4.- Educar en y para el discernimiento.
 
                Conocernos, saber quiénes somos y Quien es Él es una constante teresiana (V 8 y 22). No es pequeña lástima que no nos entendamos a nosotros mismos, ni sepamos quiénes somos o que nos conozcamos “a bulto” (I M 1,2). Tenía experiencia de que todas las inquietudes y trabajos nos vienen, en su mayor parte, de este no nos entender (IV M 1, 9.13) y no cesa de invitarnos al propio conocimiento, al discernimiento porque es menester y quiere su majestad que tomemos medios y nos entendamos (IV M 1,14). De su empeño por dar a conocer lo que Dios obra en ella, entendemos que es muy mucha razón que conozcamos las mercedes que vamos recibiendo, pues de ahí nos vendrá el agradecimiento y el disponernos para otras mayores. Porque si no conocemos que recibimos no nos despertaremos a amar (V 10,4). También nos invita a andar con particular cuidado y aviso mirando si vamos mejorando o disminuyendo en algo, en especial en el amor y virtudes… (V M 4,9), porque quien no crece, decrece (VII M 4,10). Y estar atentas a los mil avisos interiores que da su Majestad de muchas maneras (V M 4,9).
                El prólogo de los “Dichos de luz y amor” es esclarecedor en este sentido (especialmente en el párrafo 2º). También en D 28; “Cuatro avisos a un religioso” 5-6 y CB 39,7.
                Entendemos el discernimiento como un talante de vida. Supone saber quiénes somos, ahondar en el propio conocimiento, habituarnos a reflexionar personal y grupalmente sobre la propia experiencia, tratando a vueltas de sí con Dios, buscar quien nos ayude a volar, conocer motivaciones, conocer posibles autoengaños… para andar en verdad, vivir en libertad y decidir según el querer de Dios que sabe mejor lo que nos conviene.
 
                                5.- Dinamizar y acompañar procesos.
 
                Teresa nos regala la experiencia de su vida reflexionada como proceso: de sacar agua del pozo a recibir lo que viene del cielo, de la cerca del castillo a la morada del Rey, del gusano a la mariposa… Necesitó ser acompañada y buscar quien le diera luz en los distintos momentos de su caminar, y comprendió que por muchos caminos lleva el Señor a las almas y que no hemos de pretender llevar a todos por el nuestro. Experimentó lo que era andar a paso de pollo trabado, por ser llevada como fuerte cuando era menester mucho más cuidado (V 23,8) y también supo que gran cosa es entender un alma (V 24,17) y ser conducida acertadamente, con harta maña y blandura (V 24,5) para comenzar a aprovecharla y sacarla a volar (V 23,10). Dios fue su eterno compañero, el que nunca la dejó de su mano, que salía fiador por ella, quien no dejaba de darle avisos de mil maneras, su libro vivo… De su experiencia aprendió a acompañar a otros en el camino y se convirtió en maestra en el arte de formar amigos fuertes de Dios.
                El proceso en San Juan de la Cruz se especializa en las etapas finales del camino, pero siempre sabe respetar la gradualidad del mismo: CB Pr. 2ª. 3b; LB 3,31-35, 57-61.
                Toda acción educativa, todo crecimiento, implica procesos que han de ser acompañados. Este acompañamiento supone: que el (educador, padres, personal) se reconozca él mismo en proceso, saber identificar el momento en que viven las personas, grupos e instituciones, despertar, llamar e invitar a alcanzar, abrir horizontes, descubrir alternativas… y en todo ello, discernir ayudas, contar con las dificultades, afrontar los conflictos como oportunidades de crecimiento y respetar los diferentes ritmos.
                Como conclusión podemos decir que en la acción educativa – pastoral en nuestro colegio tenemos que tener en cuenta que Jesús es referente continuo y camino a recorrer. Pensar, sentir, amar como Jesús y aprender de Él la relación con los padres y con los hermanos, se convierte en la dinámica del proceso de crecimiento al que somos invitados y al que invitamos a otros en Su nombre.
 
(Continuará)
 
 

 

 

La Reina Coronada

LA VIRGEN DEL CARMEN DE SAN CAYETANO
PRESIDE EL ROSARIO DE AURORA OFICIAL DE LA DIÓCESIS
CON MOTIVO DEL 150 ANIVERSARIO DEL DOGMA DE LA
INMACULADA CONCEPCIÓN DE NUESTRA SEÑORA.
 
Como inicio a una serie de actos organizados por el Cabildo Catedralicio y la Agrupación de Hermandades y Cofradías al cumplirse los ciento cincuenta años de la Proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María por el papa Pío IX en 1854, se enmarcaba el Rosario de Aurora con la Venerada Imagen de Nuestra Madre del Carmen de su Iglesia conventual de San José (San Cayetano) que tuvo lugar el día 31 de octubre. Para la comunidad de Carmelitas Descalzos y para la Archicofradía del Carmen se trataba de una noticia y un evento muy especiales que iban a vivir en esta memorable jornada.
 
Con ilusión se fue preparando el Rosario desde la Junta de Gobierno de la Archicofradía, a la par que se iba difundiendo entre los devotos de la Reina del Carmelo esta gracia especial con ocasión de los actos de la Inmaculada. Todos querían participar, incluidas nuestras Madres Carmelitas Descalzas, de alguna manera en este acontecimiento que, desde el principio, se pensó dentro de la sencillez y espiritualidad características del Carmelo. Sin duda alguna, el rosario era muy importante ya que parece ser que era la primera vez que la imagen del Carmen visitaba el primer templo de la ciudad, y si lo hizo anteriormente, no podemos constatar documentalmente por ahora su presencia entre las naves catedralicias.
 
De gran belleza era el cartel editado por la Agrupación en el que se reproducía una cartela del frontal de azulejería de la capilla de Santa Ana de la iglesia de San Cayetano. Se trata de una excepcional pieza atribuida a los talleres de Hernando de Valladares de Sevilla, fechable en el primer tercio del siglo XVII, y en el que aparece la Inmaculada Concepción, rodeada de los símbolos de las letanías.
 
Todo se estaba preparando con esmero, desde cada uno de los misterios del rosario hasta la celebración eucarística en la Santa Iglesia Catedral. Se decidió rezar los quince misterios tradicionales del rosario (gozosos, dolorosos y gloriosos) desde San Cayetano hasta la Catedral, e incorporar los nuevos misterios Luminosos desde la Catedral hasta Santa Ana. El coro Nuestra Señora del Carmen, de la comunidad educativa del Colegio que lleva su nombre, se encargó de introducir en cada misterio determinadas canciones marianas para prepararnos a meditar el misterio que se nos proponía. Cada misterio iría precedido de una reflexión sobre la presencia de María en ese momento de su vida y de la de su Hijo Jesús.
 
La imagen de nuestra Madre del Carmen se trasladaría en sencillas parihuelas, prestadas generosamente por la Hermandad de Jesús Nazareno.
 
Ataviada con el hábito de salida, bordado por las jerónimas en 1918, y una capa de brocado del siglo XVIII, así como la media luna concepcionista que forma parte de la iconografía carmelitana.
 
Todo quedó preparado hasta que llegó la mañana del día 31 de octubre, día que amaneció con el cielo encapotado amenazando lluvia que se hizo presente media hora antes de salir a las ocho de la mañana. El templo carmelitano estaba repleto de fieles y representantes de hermandades deseosos de acompañar a la Reina del Carmelo. Así fue su deseo y pasadas las ocho se pudo salir hacia la Catedral. Varios centenares de personas, muchas de ellas con el Escapulario de la Madre en el pecho, se agolpaban en torno a la imagen de la Señora. Nadie podía pensar que tantos devotos se iban a acercar a acompañarla, viendo desbordadas nuestras previsiones, incluso por el alto número de hermandades que nos acompañaron y que iniciaron el sencillo cortejo, sólo roto por los atuendos carmelitanos de los acólitos y portadores de insignias. El coro del Carmen comenzó entonando el Himno de la Virgen e iban intercalando canciones de amor a la que es Bendita entre todas las mujeres.
 
La imagen fue portada por jóvenes muchachas y muchachos hermanos de la Virgen, la mayoría pertenecientes al Colegio del Carmen. En el templo conventual iniciamos el primer misterio, cuya introducción o meditación corrió a cargo de diferentes hermandades. Una veintena de hermandades nos acompañaron (Linares, Soledad, Caído, Villaviciosa, Cabeza, Socorro, Nazareno, Angustias, Caridad, Perdón, Resucitado, Rocío, …) por un bello recorrido inusual en la salida procesional de la Señora del Carmelo, pasando delante del convento de Santa Marta, momento en que se ofreció el misterio por las religiosas de vida contemplativa de la ciudad, siguiendo luego por Alfonso XIII hasta llegar a las Tendillas. Por deseo expreso de la Agrupación se pasó por la Plaza de las Tendillas para recordar aquellas procesiones de la Virgen del Carmen cuando llegaba, hasta los años sesenta, al corazón de la ciudad y donde un carmelita pronunciaba un sermón dedicado a la que es Reina y Hermosura del Carmelo, para después enfilar la procesión hasta el Ayuntamiento donde era recibida por la Corporación Municipal.
 
Tras este paréntesis que nos transportaba al pasado, la imagen salió de las Tendillas en dirección a la Catedral por las bellas callejuelas de la judería, como la estrechez de Céspedes, hasta que atravesó la hermosa Puerta del Perdón, donde el repique de las campanas de la Catedral recibieron a la Madre Inmaculada del Carmen en estampa bellísima e inédita. La misma sensación se experimentó cuando la imagen ingresó en la Santa Iglesia Catedral, teniendo como fondo los arcos de herradura y polilobulados de la antigua mezquita aljama. Radiante de hermosura se entronizó a la Reina del Escapulario en el presbiterio de la Catedral en esta visita al primer templo de la ciudad.
 
A continuación D. Pedro Gómez, Consiliario de la Agrupación, presidió la Eucaristía acompañada por el Prior de San Cayetano, el Consiliario del Carmen y otros religiosos de la comunidad. Una vez en el presbiterio es cuando pudimos percibir los numerosos devotos que acompañaron a la Virgen y que llenaban todo el crucero y el coro de la Catedral. Las hermandades participaron en la liturgia, del mismo modo que el coro del Carmen se encargó de preparar nuestros corazones para el encuentro con el Señor en el altar. D. Pedro en su bella homilía no cesó en elogios a la Madre del Carmelo, cuya Orden potenció su culto como Doncella Inmaculada desde el primer instante de su concepción.
 
Una vez terminada la Santa Misa el cortejo se inició de vuelta en esta ocasión hasta el Monasterio de Santa Ana, de Madres Carmelitas Descalzas, que esperaban anhelantes la llegada de su Madre Gloriosa del Carmen, tal vez en su primera visita a esta casa de sus hijas, ya que las más mayores no recuerdan que lo hiciese anteriormente. A la salida de la Catedral se sumaron los turistas que contemplaban sorprendidos la belleza de la Virgen y la oportunidad de poder venerarla. Para el camino que transitó por la calle Deanes se rezaron los misterios Luminosos, concluyendo con las letanías que se rezaron en nuestras Madres, las cuales desde el coro alto recibían a la Madre Santísima en su casa. Numerosos fieles se acercaron también a Santa Ana para venerar la imagen del Carmen, no pudiéndose cerrar el templo hasta cerca de la una del mediodía. A todos los que participaron en el Rosario se les obsequió con un sustento elaborado por las religiosas carmelitas en el compás del convento. Todo resultó de lo más digno para la Reina y Hermosura del Carmelo en este acontecimiento singular con motivo del Dogma de la Inmaculada.
 
A la par que se comunicaba al Convento de San Cayetano que la imagen del Carmen iba a presidir el Rosario de la Aurora de la Agrupación, por otra parte la comunidad cedía gustosamente dos bellas pinturas de su patrimonio artístico para la exposición Gratia Plena, que tendría lugar en La Magdalena, organizada por el Obispado. Se trata de una Alegoría de la Defensa de María por los Carmelitas, pintada por Fray Juan del Santísimo Sacramento hacia 1660 para el crucero del templo, donde los carmelitas defienden los dogmas marianos ante las herejías, y la bellísima Anunciación de Juan de Alfaro, de la antesacristía conventual, que curiosamente fue seleccionada para el cartel de la exposición y el catálogo de la misma por el Sr. Obispo. La imagen de Nuestra Señora del Carmen y la pintura de Juan de Alfaro iban a iniciar y propagar los actos de la Purísima en nuestra ciudad de Córdoba.
 
La relación de los carmelitas con la propagación de la devoción a la Inmaculada Concepción es fundamental en la Orden desde el siglo XIV[i]. La Orden se coloca en la mayoría de los casos al lado de los defensores de la pureza de la Virgen desde su concepción, junto a los franciscanos. Desde el principio se vio la relación entre el profeta Elías y la Virgen María, sobre todo desde la Visión de la Nubecilla en el Monte Carmelo, interpretado como una prefiguración de María Inmaculada que traería al agua viva, después de la sequía, que es Cristo Jesús. Este pasaje aparece bordado en sedas en la capa de la Virgen del Carmen de San Cayetano.


 

EL PASO DE PALIO DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN.
 
El conjunto del paso de palio de la titular de la Archicofradía, Nuestra Señora del Carmen, que se venera en la iglesia conventual de San José (San Cayetano), responde a una idea definida y claramente concebida por el P. Juan Dobado. Todo el conjunto se ha basado en el arte rococó, del siglo XVIII, que es el perteneciente a gran parte del ajuar conservado de la Virgen, sobre todo en orfebrería. Los diseños parten de elementos decorativos de la misma iglesia de San Cayetano, con la intención de crear un conjunto propio y único en el mismo ámbito donde la Virgen del Carmen recibe culto y veneración.
 
1. La orfebrería.
Los respiraderos.
El proyecto se ha encargado a los Hermanos Zamorano de Córdoba, que han realizado una magnífica labor que enriquece el patrimonio cofrade cordobés. Desde los respiraderos de plata de la Virgen de los Dolores, no se había incorporado otro conjunto en el patrimonio cofrade cordobés realizado en el mismo noble metal y ejecutados con indudable maestría. En el mes de julio de 2005 se estrenó el conjunto completo de los respiraderos de plata del paso de palio del Carmen de San Cayetano, el año anterior sólo salió el respiradero frontal.
Se han diseñado dentro del más puro estilo rococó en el que se ha trazado todo el palio de la Señora del Carmen. Los diseños, debidos al P. Juan Dobado, se inspiran en piezas cinceladas por Damián de Castro y que se conservan en los conventos de carmelitas descalzos y descalzas de San Cayetano y Santa Ana de la ciudad. Se articulan en torno a una capilla central coronada con el escudo del Carmen Descalzo y escapularios que la flanquean. Cartelas decoradas con rocallas y querubines, magníficamente cinceladas, presentan figuras de medio cuerpo de santos carmelitas descalzos: Santa Teresita del Niño Jesús, Santa Teresa de los Andes, Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), San Rafael de San José, Santa Maravillas de Jesús, Santa Teresa Margarita Redi, Beatos Dionisio y Redento, Beato Francisco Palau y Beato Alfonso María. Cada uno de ellos lleva una inscripción que los identifica. Cada cartela está flanqueada por pilastras en las que se han representado algunos signos o atributos relacionados con el santo carmelita al que acompañan.
Las grandes devociones del Carmelo acompañan a su Reina y Patrona, como son San José, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, presiden las tres capillas y se han realizado en marfil de extraordinaria calidad por Barbero de Madrid. Asimismo una imagen del Niño Jesús de marfil se ha colocado como remate del frontal delantero de plata, la peana en ébano ha sido revestida de plata que junto con el resplandor que circunda al Niño y la cruz que lleva en su mano han sido ejecutados por el orfebre cordobés Emilio León. Los respiraderos están firmados y fechados por los orfebres en las pilastras que quedan bajo la capa en la trasera del palio.
La conclusión de los respiraderos, junto a la candelería y el siguiente estreno, de la peana y la media luna, van anunciando poco a poco la realidad de este singular palio cordobés.
Peana y media luna de plata.
Fruto de la devoción de personas anónimas hacia la Venerada Imagen del Carmen de San Cayetano es este espectacular conjunto de peana y media luna cinceladas completamente en plata de ley. Han sido realizadas por el orfebre cordobés Antonio Cuadrado, autor también de la candelería de plata del paso de palio de la Señora. De este modo se completa el paso del Carmen como uno de los conjuntos más prodigiosos del patrimonio cofrade cordobés.
El diseño se debe igualmente al P. Juan Dobado, que se ha inspirado en los modelos de la platería del rococó, particularmente en Damián de Castro. La peana se estructura en torno a cuatro grandes volutas adornadas con rocallas, presentando tres frentes en los que se condensa la menuda decoración. Todo el perfil de la obra es movido y sinuoso, dentro de los cánones del estilo rococó. Está revestida de plata incluso en su parte posterior. En los distintos frentes se han insertado siete reliquias, en relicarios de plata y cristal, de diversos santos carmelitas que aparecían en los respiraderos. La hechura de la peana y la luna coincide con los 150 años del Dogma de la Inmaculada y con motivo de la Visita de la Virgen del Carmen a la Santa Iglesia Catedral en Rosario de la Aurora para celebrar tal evento organizado por la Agrupación de Cofradías.
Escapulario, roleos, acantos y rocallas pueblan todos los paramentos, presididos por respectivas cartelas alusivas al Dogma de la Inmaculada y el Carmelo. En la parte central se halla una cartela que reproduce cincelada la pintura de Fray Juan del Stmo. Sacramento la Defensa de María por los Carmelitas, que se encuentra en el crucero de San Cayetano, y ha estado presente en la exposición Gratia Plena dedicada por la Diócesis de Córdoba a la Inmaculada. En los laterales, sendas cartelas que representan la Aparición de la Virgen a San Juan de la Cruz en Úbeda el día de la Inmaculada anunciándole su pronta muerte, tomándolo de los grabados venecianos de Zuchi sobre la vida del Santo, y la Propagación del Carmelo Descalzo por el orbe bajo la protección de la Virgen del Carmen, singular relieve inspirado en un bello grabado en el que Santa Teresa capitanea una barca en la que reman importantes religiosos carmelitas descalzos colaboradores de la santa abulense y de su obra.
Pieza singular de la platería cordobesa es la espectacular media luna de plata que sirve a modo de barca a la Estrella del Mar. Ha sido una de las piezas más admiradas en la pasada Solemnidad del Carmen, como digno escabel de la Madre de Dios del Carmen. La media luna es pieza inseparable en la iconografía de la Reina del Carmelo que recuerda su Inmaculada Concepción.
Está cincelada en plata de mayor grosor para que, debido a sus dimensiones, no sufriera en la salida procesional de la Virgen del Carmen. Presenta un escudo de la Orden del Carmen Descalzo de gran belleza con el brazo de Elías y filacteria con el lema de Elías (“Zelo zelatus sum pro Domino Deo exercituum”), rodeado de dos ángeles casi de bulto redondo. Amplias y cinceladas rocallas, junto con cartelas con símbolos del carmen (estrella, escapulario, ancla y vid), recortan el perfil de la luna con atrevidos entrantes y salientes. Se remata la luna con dos estrellas caladas de resplandores flameantes que contienen rosas y azucenas (“Rosa et Decor Carmeli”, se llama a la Virgen en la Orden). Se completa tan magnífica obra con pedrería de brillantes, rubíes y esmeraldas en el escudo y en las estrellas.
Se convierte esta obra en una de las joyas de la platería de la ciudad, digna de figurar junto a otras obras antiguas de la orfebrería cordobesa, y pieza maestra de Antonio Cuadrado.
Candelería: está formada por treinta y cuatro piezas cinceladas en plata por Antonio Cuadrado, siguiendo el modelo de un candelero de Damián de Castro que conservan las Carmelitas Descalzas de Santa Ana, las cuales prestaron para que el orfebre lo pudiese copiar con algunos cambios. Destaca la base del candelero más ancha y en el que figura en cada uno de los tres frentes el escudo de la Orden. Se estrenaron en 2003 gracias a la generosidad de sus devotos que costearon la mayoría de ellos, constando su nombre en el mechero de cada uno de ellos. Es la primera candelería de plata que se hace para un paso de palio en la ciudad. Es una candelería más reducida en número de piezas para dar mayor protagonismo a la imagen del Carmen y evitar el parecido con las imágenes dolorosas.
Varales: es el primer estreno del paso de palio, realizados por los Hermanos Zamoranos, que salieron por vez primera en 2002. Siguen un modelo rococó con decoración en helicoidal que recorre los varales, dibujo sacado de las imperiales de la corona de salida de la Virgen. Las bases están tomadas de un copón, punzonado por Aguilar en el siglo XVIII, que se conserva en el convento de San Cayetano, llevan cartelas con escapularios. Se rematan con ángeles que portan escapularios en sus manos, todo de gran belleza. Los dos primeros años el palio salió con los varales prestados por la cofradía de La Sangre.
Llamador: es una de las piezas más originales en su género, representa al profeta San Elías cuando es raptado en el carro de fuego. Así se muestra al profeta en un carro, conducido por un angelote y tirado por dos caballos. Está realizado en plata por Antonio Cuadrado, lleva la inscripción: “Soi del Carmen de San Cayetano, año 2003”.
Relicario: es una singular pieza del siglo XVIII realizada en filigrana de plata y representa un águila bicéfala, al que se le hizo una peana por los Hermanos Lama, también en plata. La obra fue donada por las Carmelitas Descalzas de Bujalance para la Virgen. Lleva en su interior un relicario de plata pequeño con reliquias de Santa Teresa, san Juan de la Cruz y Santa Teresita, que pertenece a la comunidad de San Cayetano.

 

 
La Coronación es la suprema consagración y exaltación de la realeza. Nada hay en la historia de los pueblos más solemne ni más fastuoso ni brillante ni más espectacular que la coronación de los reyes y emperadores. Momento cumbre de su vida, radiante esperanza de su reinado, fiesta de delirante entusiasmo para sus vasallos.
La historia recuerda con particular relieve la coronación de testas imperiales como las de Carlomagno, Carlos V, Napoleón Bonaparte, etc. Reciente está aún la coronación de Isabel II de Inglaterra, acontecimiento que ocupó casi por un año entero la primera página de la prensa mundial, que fue presenciada a través de la televisión por decenas de millones de personas, que ha quedado perpetuado en la pantalla cinematográfica como documental de primer orden para las futuras generaciones.
 
No hay Rey ni Emperador en el mundo que posea tantos títulos de poder, de gracia y de bondad para ser coronada, como la Virgen María, Madre de Dios y Madre de los hombres, en cuyas manos depositó el Omnipotente todos los tesoros de gracia y de gloria. Su reinado se extiende del uno al otro confín de la tierra y su imperio no tiene más límites que los de la misma creación.
Por eso, «como Dios la corona en el cielo» los hombres la deben coronar en la tierra en todas las partes de la tierra, en todos y cada uno de los puntos del globo terráqueo, en todos los confines del mundo habitado. Su Realeza, su dignidad, su bondad, su gracia, su belleza, así lo demanda, así lo exige.
 
La Realeza de María es singular, y en consecuencia es también singular su Coronación. La Realeza de la Virgen tiene sus raíces en el Corazón de Dios y su Coronación es de orden esencialmente religioso. Es la Coronación pontificia, la Coronación canónica o papal (NB: Ahora también episcopal), máximo honor litúrgico que en la tierra puede tributarse a la Madre de Dios. Honor que los mortales rinden a María a través de sus imágenes milagrosas y venerandas. Es el máximo servicio de honor externo que los amantes de María podemos rendir a la Reina de los ángeles y de los hombres. Y no es posible que quien la haya coronado en la tierra no sea coronado por Ella en el cielo. ¡Qué consuelo inenarrable, qué dulcísima esperanza para el corazón humano!
 
Para resaltar debidamente el hecho edificante y elocuente de las Coronaciones canónicas y para fomentar, favorecer, facilitar y promover nuevas glorificaciones de la Virgen Santísima, dedicamos este número de MIRIAM a la Coronación de Nuestra Señora como Reina de cielos y tierra por Dios, por los ángeles y por los hombres.
 
(De la revista Miriam, nº 29. Sept.-Octubre 1953. Ismael Bengoechea)
 
“La coronación implica el reconocimiento público de la concesión de favores por parte de una imagen determinada y de la singularidad del culto en su honor. La advocación carmelitana de la Virgen ha sido bien galardonada con este máximo honor pontificio… Que esta apoteosis triunfal de María Santísima del Carmen sirva para estimular el ánimo de sus devotos a fin de promover nuevas, numerosas y radiantes coronaciones de la amorosísima Reina del Carmelo.” EL Director P. Ismael, Miriam nº 70 pag. 131.
 
Por qué se corona a María.
 
“…La fe es ingeniosa y fecunda. Lanza flores al paso de Jesús Sacramentado, aunque sepa que el perfume material no llega a regalar los sentidos gloriosos de Cristo, inciensa los altares, construye imágenes devotas. Son frutos de la fe que la llenan de vida y alegría. No olvidemos que la fe tiene un elemento humano, y es el sujeto que no puede prescindir de la naturaleza de sus facultades.
Quien cree no es el ángel, sino hombre, y por consiguiente las manifestaciones de la fe revisten caracteres espirituales y sensibles. Interviene la imaginación, la sensibilidad, la poesía: hasta los sentidos externos quieren participar. No es crear la falsedad y el engaño; es acomodar la fe impalpable a nuestras potencias humanas, mediante símbolos o imágenes que expresen la realidad, dando a conocer que no son la misma realidad.
¡Pobre literatura, poesía, artes, cultos religiosos, en fin, todas las manifestaciones humanas, si damos paso a un puritanismo exagerado, ciñéndonos a las esencias o realidades desnudas, sin acomodación a nuestras facultades sensibles, sin poesía ni sentimiento. ¡La teología sería un cuerpo estudiado anatómicamente! Colocar una corona en las sienes de María no es un engaño, es manifestar de una manera sensible la creen­cia de que es Reina espiritual y merece nuestro mayor respeto. Las antiguas y nuevas revelaciones de Dios, así como los ritos de su culto, están cargados de sim­bolismos y poesía intensa. Para un entendimiento muy abstracto quizás no haga falta el símbolo y el signo sensible, pero sí para la mayor parte de la humanidad, que de esta manera lo comprende mejor o quiere gozar de los encantos más genuinos de la sensibilidad racional.
La Iglesia, el pueblo cristiano, todos los días canta a María con voz llena de esperanza y alegría: Salve, Reina y Madre de misericordia. Y en afán nacido del amor y admiración prodiga a sus imágenes una coro­nación simbólica, con la misma sencillez y majestad que demuestra cuando organiza las magnas procesiones en Lourdes,
La Iglesia explota los simbolismos humanos expre­sivos y puros como el azul de los mares o la impresio­nante belleza de las flores o el maravilloso nacer de la aurora.
El pueblo cristiano corona a su Reina porque la ama y la Iglesia aprueba en su liturgia esta práctica porque ni deforma el culto debido a María ni entorpece los conceptos de su dignidad; más bien los embellece. El fundamento dogmático es la grandeza real de la Virgen Madre en los cielos, y el psicológico la impa­ciencia del amor que inventa y se ingenia para que la imagen venerada de su Amada, como símbolo de la persona, reciba el honor universal en la tierra. La Virgen sonríe y se entusiasma seguramente desde arriba ante esa impaciencia y candor. ¿Qué importa en ese universal idilio la mueca de cólera o desprecio del frío puritano o del incrédulo?
 
Miriam nº 29. P. Ildefonso de la Inmaculada, OCD

 

SEÑORA DE NOVENAS: sus cultos y procesión.
 
Es destacado el papel que juega la figura de Nuestra Madre del Carmen en esta casa conventual y colegial. Todos los alumnos en sus etapas respectivas visitan periódicamente a la Virgen en su camarín del templo conventual, amén del número de imágenes de la Virgen que se distribuyen por el Colegio y que recuerdan su protección de Madre.
 
Celebra dos momentos intensos de culto: la Novena de mayo y la de julio. La primera es una Novena de júbilo, de cantos y de gracias infantiles, desde los niños de tres años hasta los mayores de dieciocho. Novena preparada desde el Departamento de la fe del Colegio en unión con los profesores y padres, siendo llamativa la masiva asistencia de padres y familiares en unión de sus hijos durante todos los días de la Novena.
 
En julio se celebran los cultos solemnes abiertos a toda la ciudad, que en pleno mes tan veraniego consigue llenar todos los días la iglesia, recordando las novenas antiguas famosas por ocupar con sillas parte de la Cuesta y celebrarse una temprano y otra de tarde.
 
Culminan los cultos con el Besamanos, solemne y espectacular, tal vez el momento preferido para muchos al tener tan cerca de su Madre del Carmen. La víspera de su solemnidad se celebra la tradicional Salutación, a las 24´00 horas con multitudinaria ofrenda floral y cantos a la Reina del Carmelo.
 
El día de su Solemnidad se suceden las eucaristías desde temprano, a las ocho, nueve y diez de la mañana, y otras más que se improvisan si los fieles se congregan en torno a la Virgen como sucede todos los años. Por la tarde la función principal, a las 20´00 horas, y a continuación, la Solemne Procesión con la Venerada Imagen del Carmen por las calles de la ciudad, por el casco antiguo de los barrios de Santa Marina y San Agustín, tradicionales de su feligresía, aunque ahora se abre a las nuevas zonas de expansión por el vial y nuevas barriadas cercanas al Colegio del Carmen.
 
La ofrenda de la caridad.
 
Desde sus inicios ha destacado la Archicofradía por dar el lugar que merece a la llamada a la caridad que el Señor nos pide continuamente. Caridad que se concreta en la ayuda que cada año se envía a las misiones de la Orden del Carmelo, concretada en la Escuela Niño Jesús de Praga de Tucumán, en Argentina. Son muchos los contactos que se mantienen a lo largo del año con esta escuela hermana en la Orden que necesita de nuestro apoyo, campañas que se extienden al Colegio y que tiene un eco en los niños y niñas que aprenden desde pequeños a pensar en otros niños que no tienen su misma suerte.
 
Más cerca es la ayuda que se presta a la Asociación contra el cáncer y a los niños de oncología del Hospital Reina Sofía, ayudando en la contribución de los pisos que se alquilan para los familiares de los enfermos hospitalizados. Cada año su presidenta se hace presente en la Novena para dar gracias a la Señora por los estrechos vínculos que unen a la Archicofradía con los enfermos de cáncer.
 
No se olvidan las campañas que se emprenden a nivel iglesia y colegio convocadas por la Diócesis (Manos Unidas, Domund, etc.) en los que los jóvenes de la Archicofradía colaboran activamente con toda la familia carmelitana.
 
Presencia junto a Jesús Sacramentado en el Corpus Christi.
 
En la portada de la iglesia de Santa Ana, de nuestras Madres Carmelitas Descalzas, todos los años la Archicofradía monta un solemne altar para recibir a Su Divina Majestad. Es la única de las hermandades de gloria de la ciudad presente al paso del Señor, que se completa con el Coro del Colegio para cantar las excelencias del Señor que se ha querido quedar escondido en la humildad del pan y del vino.
 
ICONOGRAFÍA DEL CARMEN EN CÓRDOBA:
 
Irradiación desde los Carmelitas Descalzos.
 
Indudablemente la presencia de las imágenes y pinturas de la Virgen del Carmen van ligadas en un primer momento a las fundaciones que la Orden del Carmen ha realizado en la ciudad de Córdoba a lo largo de los siglos. En cada uno de los conventos se conservan valiosos ejemplos de la iconografía carmelitana. Pero también encontraremos bellas pinturas e imágenes en otros templos de la ciudad, sin poder detenernos en las que se guardan en casas y colecciones particulares. Aunque no es un estudio detallado, vamos a dividirlo en dos grandes grupos, representaciones pictóricas e imágenes.
 
El Carmen en la pintura cordobesa.
 
En el campo de la pintura la mejor y mayor colección iconográfica se encuentra en el convento de San Cayetano de carmelitas descalzos. En el crucero del templo se localizan cuatro grandes alegorías carmelitanas atribuidas a Fray Juan del Santísimo Sacramento, que las pintó hacia 1660. En todas ellas preside la figura maternal y majestuosa del Carmen, rodeada de ángeles y de todos los santos del Carmelo. En una se muestra como Decoro de la Orden, en otra rodeada de mártires y profetas, en otra en la Fuente de Elías y, la más original, como la Vid del Carmelo.
 
Otra gran composición, la mayor pintura de la iglesia, preside desde el coro alto, y representa una gran apoteosis de la Orden de la Virgen: el Carmelo. En el mismo templo, en el presbiterio, se halla la Entrega del Escapulario a San Simón Stock y a las ánimas del purgatorio. A lo largo del templo aparece la Virgen del Carmen en más pinturas, en los ciclos de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz en varias ocasiones. En las dependencias conventuales se encuentran más pinturas sobre la Virgen del Carmen, en la sacristía hay dos grandes medios puntos con apariciones al papa Juan Honorio y a Santa Teresa, así como una original Virgen del Carmen Eucarística, que porta la custodia con el Santísimo en sus manos.
 
El tema iconográfico de la Virgen amparando a la Orden bajo su amplia capa tiene su más bella muestra en la pintura de Valdés Leal del Carmen de Puerta Nueva. Otra pintura se encuentra en el convento de Santa Ana de carmelitas descalzas, que guarda la segunda colección de iconografía carmelitana de la ciudad, con bellas pinturas sobre la Entrega del Escapulario y representaciones habituales de la Madre del Carmen sosteniendo el Niño en su regazo.
 
En el convento de Las Ermitas, custodiado por los carmelitas descalzos desde hace cincuenta años, se encuentran otras hermosas pinturas, como la firmada por Quesada, una de las mejores representaciones de la majestuosidad y maternidad del Carmen. Otras dos pinturas del siglo XVIII se encuentran en su interior, procedentes curiosamente del Desierto de San Juan Bautista de Trassierra que la Orden Descalza tenía en la sierra de Córdoba. En una de ellas la Virgen aparece flanqueada por San José y San Simón Stock. Seguramente con procedencia de este mismo Desierto carmelitano es la pintura del Carmen con Santa Teresa y San Juan de la Cruz que se halla en la capilla de Ánimas de San Lorenzo. En la S. I. Catedral se encuentran algunas pinturas, destacando una de escuela murillesca con la Entrega del Escapulario ubicada en uno de los muros frente a la capilla de Salizanes.
 
Imágenes del Carmen en Córdoba.
 
En el campo de la escultura las imágenes más antiguas se remontan a mediados del siglo XVII, en el retablo mayor de Santa Ana se halla una bella imagen que tiene al Niño dormido sobre el hombro de la Virgen, datable en esa centuria. En este mismo convento se conservan varias imágenes del Carmen, una de vestir del siglo XVIII que es la que las carmelitas descalzas sacan a la iglesia para la Novena del Carmen y que se halla en el Coro bajo. Otras son de menor tamaño, una de ellas es una Inmaculada carmelitana, todas del siglo XVIII.
 
En la Catedral, en la capilla de San Antón se encuentra una bella imagen de la Virgen del Carmen sedente a cuyos pies las ánimas del purgatorio imploran su intercesión a través del escapulario. Es una magnífica escultura de pequeño formato del siglo XVIII con ecos de la escultura italiana. Otra sentada, de pequeño tamaño, se halla en uno de los retablos laterales de la nave principal en la iglesia de San Francisco.
 
San Cayetano conserva también una magnífica colección de imágenes del Carmen, la más antigua, datable a finales del XVII y de tamaño casi natural, es la que preside el coro donde reza la comunidad de descalzos. Sujeta un precioso Niño en sus brazos. Al siglo XVIII pertenece la que se halla en la sacristía, de poco más de un metro y de talla completa, porta un Niño tallado por José Antonio Cabello recientemente. Es la que la Archicofradía lleva al convento de Santa Ana para el altar del Corpus. En la entrada del convento de San Cayetano recibe un majestuoso grupo escultórico de la Entrega del Escapulario formado por la Virgen y San Simón Stock, de escuela valenciana de comienzos del siglo XX. Es un conjunto de gran valor. Hasta otras tres imágenes de la Virgen del Carmen del tipo devocional, una de tamaño natural y dos de un poco más de un metro se localizan en capillas, oratorios y salones de uso para el Colegio y la Orden Tercera. A estas se unen otras imágenes, como la de piedra de tamaño natural que preside el claustro del convento y otras en jardines y dependencias del Colegio. Dejaremos para el final la titular de la Archicofradía.
 
En Las Ermitas se encuentran algunas imágenes, una pequeña de vestir del siglo XVIII con un bello san Simón Stock de talla a sus pies, también del setecientos. En el convento se encuentran algunas imágenes, destacando una talla valenciana de comienzos del siglo XX en el coro conventual.
 
Dentro del tipo iconográfico que porta el cetro en una mano y el escapulario en otro es la de Puerta Nueva, tallada en el siglo XIX tras la francesada, a la que se incorpora el Niño en el siglo XX. Otras imágenes del siglo XX se encuentran en San Roque, antiguo convento y primera sede de la descalcez en Córdoba donde estuvo hospedado San Juan de la Cruz, antes de trasladarse a la puerta del Colodro. Otras imágenes del tipo devocional se reparten por iglesias de la ciudad como San Andrés.
 
La imagen del Carmen de la Archicofradía de San Cayetano.
 
Hemos dejado para este punto la bellísima imagen procesional del Carmen que venera su Archicofradía en el convento de San Cayetano. Es la imagen más antigua que procesiona en Córdoba, siendo difícil su datación, ya que las fuentes de archivo aportan en 1670 el siguiente dato: “Adquirióse en su tiempo una imagen de Nuestra Señora que se venera en las procesiones, con dos vestidos y demás adornos”. Este dato permitiría fijarla a finales del XVII, pero al observar la estética de la imagen nos lleva más hacia mediados del XVIII, recordando el quehacer de Gómez de Sandoval, que tanto trabajó para este convento. No sabemos si la imagen se remodela o se hace una nueva, lo que sí parece claro es que su estética es totalmente del setecientos. Su rostro se caracteriza por un óvalo de gran finura, con hermoso ojos, nariz y boca pequeñas, insinuando una leve sonrisa. Siempre llevó su precioso Niño, de igual estética a la de la Madre. Sin duda alguna, es la imagen mariana de gloria por antonomasia del siglo XVIII cordobés.
 
El Carmen en las Cofradías de penitencia: Caído, Sepulcro y Ánimas.
 
Por último citar algunas hermandades que incorporan iconografía carmelitana a su cortejo y patrimonio, como las de Jesús Caído, el Sepulcro o Ánimas. Todas ellas han nacido al amparo de las ramas de la Orden del Carmen, así Jesús Caído lleva entre la candelería de la Soledad una imagen del Carmen, sin contar el escudo de la Orden que luce en sus insignias o su también la presencia del Carmen, bordada en oro y sedas, en el techo de palio del Desconsuelo, como señal de su origen en el convento del Carmen.
 
La cofradía de Ánimas nace al amparo cultural y devocional del Grupo Cántico, cuyos miembros participaban en San Cayetano como formadores de los colegiales y teresianos, así Ginés Liébana o Pablo García Baena impartían clases a los futuros carmelitas que allí se formaban. El Grupo Cántico ayuda a preparar el IV Centenario del nacimiento de San Juan de la Cruz en 1942, como prueba aún se conservan preciosos documentos ilustrados por el grupo en el archivo conventual. Es un grupo que toma el nombre del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz, primer Santo de la Descalcez, por lo que acuden a San Cayetano, que en esos años es el principal referente religioso y cultural en la ciudad con una comunidad que superaba los ciento cincuenta miembros entre religiosos, estudiantes y teresianos. Famosa en la ciudad era la Sabatina o canto de la Salve al Carmen que cada sábado todos los frailes en largas filas cantaban ante la imagen custodiada en el camarín.
 

El P. Rafael Cantueso, q.e.p.d., relataba cómo los primeros ejercicios espirituales a la cofradía de Ánimas se daban en la capilla de Jesús Caído por los añorados padres Pablo o Daniel. Y aún hoy D. Pablo García Baena sigue asistiendo a todos los actos del Carmen en San Cayetano, recordando con afecto a tantos religiosos que dejaron huella en su vida. Por ello la Virgen de las Tristezas lleva entre sus manos el Escapulario del Carmen Descalzo, y todos los hermanos llevan el santo Escapulario, no sólo como recuperación de aquella antigua hermandad de ánimas, sino también por esa espiritualidad que respiraban en San Cayetano. Así lo recuerdan también los religiosos mayores que conocieron a aquellos escritores y artistas insignes de la ciudad recorrer los pasillos y aulas de San Cayetano.

 

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